Síndrome del cuidador de una persona dependiente

El Síndrome del Cuidador es un trastorno que se presenta en personas que desempeñan el rol de cuidador principal de una persona dependiente. Se caracteriza por el agotamiento físico y psíquico. La persona tiene que afrontar de repente una situación nueva para la que no está preparada y que consume todo su tiempo y energía. El perfil del cuidador es una mujer de media edad que es:

  1. Familiar directo del afectado (pareja, madre, padre, hijo, hija…),
  2. Muy voluntariosa,
  3. Trata de compaginar el cuidado de su familiar con sus responsabilidades ordinarias,
  4.  Cree que ésta será una situación llevadera y que no se prolongará demasiado tiempo y
  5. Espera ser ayuda por su entorno más cercano.

Conforme el tiempo va pasando el cuidador poco a poco va asumiendo una gran carga física y psíquica. Además se responsabiliza por completo de la vida del afectado (medicación, visitas médicas, cuidados, higiene, alimentación, etc.). Por otro lado va perdiendo paulatinamente su independencia ya que el enfermo cada vez le absorbe más y se desatiende a sí mismo.

Los principales síntomas de alarma que nos deben hacer sospechar de la existencia del Síndrome del Cuidador son:

  • Agotamiento físico y mental.
  • Labilidad emocional: cambios de humor repentinos.
  • Depresión y Ansiedad.
  • Conductas de consumo abusivas: tabaco, alcohol etc.
  • Trastorno del sueño.
  • Alteraciones del apetito y del peso.
  • Aislamiento social.
  • Dificultades cognitivas: problemas de memoria, atención.
  • Problemas laborales.

Síndrome del cuidador de una persona dependiente

Para evitar la aparición del síndrome del cuidador lo más  importante es aceptar que existe un problema y además:

  • No ser el único cuidador, involucrar a otros.
  • Comentar la evolución del paciente con sus familiares u otros cuidadores. Comunique al resto de la familia sus sentimientos y sus temores para hacerles partícipes del problema, y evitar sentirse culpable cuando se dedique tiempo a sí mismo.
  • Hábitos de vida saludable: alimentación equilibrada, deporte, evitar consumos excesivos (tabaco, etc.).
  • Momentos de respiro: tiempo libre, ocio, cuidado de uno mismo. Procura tener un tiempo reservado para hacer cosas propias y que te gusten.
  • Mantener aficiones previas.
  • Evitar el aislamiento social: salir de casa y ponerse en contacto con amigos.
  • Intentar facilitar la autonomía del familiar al máximo. Dejar que haga lo que pueda hacer, aunque tarde más tiempo. Si no, estaremos favoreciendo su dependencia y aumentando nuestras labores.
  • Favorecer la adaptación del entorno, procurando que este sea estable y seguro.
  • Evitar el stress en la medida de lo posible, planificando de antemano las situaciones conflictivas.
  • Una actitud positiva juega a nuestro favor.
  • Información y Formación: El familiar enfermo no hace las cosas “para fastidiar”, sino que es el daño cerebral  el que genera conductas nuevas y difíciles de entender en ocasiones.
  • Los sentimientos negativos que aparecen en algunos momentos son humanos. Lo importante es saber reconocerlos, no tener miedo e intentar superarlos.

Profesionales: No dude en ponerse en contacto con ellos para ayudarle con todos esos sentimientos negativos.