Ser la mejor versión de uno mismo en cuarentena o no serlo, esa es la cuestión

Es curioso como cuando las cosas se ponen complicadas, cuando el mundo está en una crisis mundial, en una pausa histórica nunca antes realizada, aparece en nosotros una exigencia por ser la mejor versión de nosotros mismos.  Está en las redes constantemente, artistas que en este momento están produciendo como nunca, personas que están mejorando en sus habilidades. Y cuando uno ve lo que hace el otro se compara, y surge la exigencia.

Esta exigencia se traduce, por ejemplo, en cosas como hacer deporte todos los días cuando hace años que no nos movíamos ni un poco, convertirnos en chefs, en personas creativas que pintan, escriben, en músicos, en expertos en cine…

Digo curioso y no absurdo, porque probablemente haya personas para las que efectivamente esta cuarentena esté siendo una oportunidad de reconectar con uno mismo y con sus aficiones. Para algunas personas la cuarentena está siendo un impulso a encontrarse consigo y a encontrarse mejor.

Sin embargo, no todos somos iguales. Hay personas que pueden crecer en momentos de dificultad hay otras que necesitan esperar a que la marea se calme. Hay personas que necesitan tener las condiciones adecuadas para crecer, y no me refiero a las condiciones externas adecuadas, sino a las internas. Cuando alguien se siente bien, está tranquilo, no vive preocupado ni atemorizado puede plantearse nuevos retos y ser la mejor versión de uno mismo.

Si lo piensas bien el problema no es establecerse un objetivo como un reto que cumplir en un momento como en el que estamos, sino exigir que eso suceda y sentirnos culpables porque no sea así. Plantearse que esta situación puede hacernos mejorar es bueno, incluso intentarlo, pero es muy importante entender que no es obligatorio, que es normal si no funciona o si no queremos siquiera intentarlo. No hace falta hacer nada, bastante tenemos con transitar este momento todo lo bien que podamos tratando de cuidar de nosotros mismos.

Vivimos en un mundo en el que la productividad está a la orden del día y estando en cuarentena las cosas no han cambiado demasiado. Pero si uno se para a pensar un poco, es bastante normal que en este momento en el que estamos tristes, encerrados, dolidos y con miedo, nos repleguemos, nos metamos en nosotros y no tengamos ganas de hacer nada nuevo, ni de mejorar, ni de aprender algo nuevo. Y en realidad no pasa nada, está bien. De hecho, aprender a no hacer nada, también es un aprendizaje. Está bien no hacer nada, y está bien estar mal.