La serotonina

El otro día, con cierto asombro, leí en el lateral de una caja de cereales la acción de la serotonina en el sueño. Se explicaba como este neurotransmisor era el responsable de un equilibrado y profundo sueño y  dejaba entrever que consumiendo esos cereales el cuerpo sintetizaría serotonina a chorros y dormirías como los ángeles. Eso me pasa por leer lo que viene en las cajas de cereales…

Lo que me sorprendió en realidad no fue encontrarme la serotonina en el envase de los cereales, ni siquiera el uso perverso de un hallazgo científico para vender cualquier producto (estamos acostumbrados a ver cualquier cosa en publicidad), sino la simpleza con la que despachaban el complejo proceso del sueño, usted se llena de serotonina y dormirá como un lirón. Tampoco esperaba encontrar en uno de los lados de una caja de cereales un tratado sobre los mecanismos del sueño, ni sobre las acciones de la serotonina, que es una sustancia que interviene en numerosos procesos mentales, pero cuando menos podría haberse hecho mención de la existencia de muchos otros factores que contribuyen, ajustan y equilibran (o lo contrario) nuestro proceso de dormir.

La serotonina

Desgraciadamente, en mi opinión, la serotonina en psiquiatría parece que es lo único que existe. Con la serotonina se explica todo. Poca gente no ha oído hablar de ella, se ha llegado a convertir en sinónimo de trastorno mental. Mira, es que me encuentro un poco bajito de animo, a ti lo que te pasa es que te falta serotonina, háztelo mirar… Pero si ocurre esto no es por culpa de la ignorancia y excesiva estrechez de visión de la opinión pública, sino porque los profesionales que nos dedicamos a tratar trastornos mentales así lo hemos transmitido. Nos sorprendemos a nosotros mismos explicando  con toda profusión de detalles como la serotonina sube o baja y como de eso depende que uno se encuentre mejor o peor.

La aplicación de los distintos tratamientos psiquiátricos vienen de la mano de modas, de descubrimientos científicos y de intereses económicos, y muchas veces condicionan la vida de nuestros pacientes, para bien y para mal. La serotonina y toda la industria que la mueve es uno de estos tratamientos. Para los profanos el asunto puede quedar solo en la serotonina, si tenemos suficiente estoy mejor y si me falta estoy peor, así de sencillo. Pero la realidad fisiológica y neuroquímica que explica el comportamiento humano y sus funciones es tan compleja que estamos muy lejos de conocerla en su totalidad.

Por eso, por hechos basados en la evidencia, por sentido común, por investigaciones y por el desarrollo general hasta donde ha llegado la humanidad, podemos decir sin temor a equivocarnos que somos muy complicados y que a la serotonina no le corresponde cargar con toda la responsabilidad de los trastornos mentales.

Quiero decir con esto que aunque la serotonina esté en su sitio y nuestro cerebro rezume serotonina por todas las esquinas podemos seguir sufriendo y la forma de arreglarlo no es añadiendo serotonina.

El sufrimiento es parte de la vida, no solo del ser humano sino de cualquier ser vivo y tiene que ver en gran parte con los procesos de adaptación al medio, los mecanismos psicológicos que se utilizan para enfrentarse a la vida y a las circunstancias que a cada uno le toque vivir.