La medicación y la enfermedad mental: ¿Qué? ¿Cómo? y ¿por qué?

Los psicofármacos son una herramienta terapéutica muy presente en salud mental. Es por ello, por lo que hoy preguntamos a un experto en la materia, el doctor Juan Luis Mendivil, sobre el uso de los psicofármacos en salud mental.

¿Qué son los psicofármacos y para qué se utilizan?

Los psicofármacos son aquellos fármacos que se utilizan en el tratamiento de determinados trastornos de salud mental. Aunque la etiología de muchas de las enfermedades mentales no está clara, parece que existe una correlación entre patología mental y ciertos desequilibrios a nivel neuroquímico. Por ello se utilizan psicofármacos que son capaces de actuar sobre el sistema nervioso, interaccionando sobre la actividad de los neurotransmisores cerebrales y provocando una modificación de sus efectos. Por tanto, existe un amplio abanico de psicofármacos para cada espectro de patología: antipsicóticos, antidepresivos, ansiolíticos, eutimizantes, en el control de impulsos, para el tratamiento de dependencias, entre otros.

¿Por qué es importante la aplicación de psicofármacos en salud mental?

La aplicación de psicofármacos ha generado un aumento en la calidad de vida de las personas que sufren patologías mentales. Para que exista una buena evolución del paciente en algunas enfermedades mentales es necesaria la presencia de tratamiento farmacológico porque mucha sintomatología se revierte con medicación; sin ella los síntomas no son tan fácilmente aliviados. Sin embargo, este hecho no implica que el tratamiento psicofarmacológico sea la herramienta exclusiva con la que trabajar en salud mental. El tratamiento psicoterapéutico es fundamental y ha de ser complementario al tratamiento psicofarmacológico.

¿Qué estrategias pueden ayudar al paciente a llevar una adhesión al tratamiento farmacológico?

Una de las cuestiones fundamentales es explicar en qué consiste el tratamiento. A veces no es fácil explicar los mecanismos de acción de los psicofármacos, pero si es necesaria una visión simplificada de este mecanismo de acción para que el paciente entienda que no es magia, sino que realmente este tratamiento realiza un efecto a nivel neuroquímico. Entender como una sustancia interviene a nivel cerebral es positivo para que el paciente.  Por un lado, se adquiere conciencia de enfermedad y por el otro, se adquiere la confianza de que el psicofármaco va a realizar un efecto que aliviará su sufrimiento. Es importante poner el foco en el sufrimiento ya que el paciente ha de tener presente que la medicación va a ser la vía que aliviará parte de este sufrimiento. Otra estrategia utilizada para mejorar la adhesión terapéutica es la de comenzar el tratamiento paulatinamente: comenzar con dosis bajas e ir poco a poco aumentando las dosis. Esto va a generar que el paciente se acostumbre a la medicación y que los posibles efectos secundarios sean menos acusados.

Un tema muy actual es el miedo ante la presencia de efectos secundarios en determinados fármacos y medicaciones, ¿cómo motivar al paciente a que continúe con el tratamiento psicofarmacológico independientemente de estos efectos?

Efectivamente, muchos pacientes presentan cierto recelo a la hora de consumir fármacos. La creencia más popular es la sensación de que al consumir psicofármacos van a dejar de ser ellos mismos, que van a ser autómatas. Muchas veces este miedo también está relacionado con ciertos prejuicios sociales, ya que recibir ayuda farmacológica puede ser interpretado como una “debilidad” de la persona, considerando que no es “mentalmente fuerte”. Otras veces el paciente se cuestiona qué es exactamente lo que va a consumir – por miedo a intoxicarse- o incluso simplemente este miedo está relacionado por el desconocimiento del efecto que el psicofármaco puede causar en el organismo.

El psicofármaco no cambia la personalidad, en todo caso el único efecto que va a producir en la persona es la reducción de síntomas, que, de manera directa, ayudará en el proceso de recuperar la sensación de identidad y por supuesto, de bienestar consigo mismo. Cuando se inicia un tratamiento psicofarmacológico se espera encontrar dos tipos de efectos: aquellos deseables que son los que ayudaran a aliviar los síntomas de un determinado trastorno y que se denominan “efectos terapéuticos”, junto a efectos no deseados que son los denominados “efectos secundarios”. Cualquier medicación puede tener efectos secundarios y es por lo que el profesional ha de evaluar estos efectos en función del coste-beneficio. Estos efectos secundarios pueden ser leves, entrando dentro de lo esperable. En estas ocasiones el psicofármaco no se retira porque estos síntomas pueden llegar a tolerarse o incluso a desaparecer con el transcurso del tiempo. Los efectos secundarios en ocasiones suelen mostrarse antes que los efectos terapéuticos (que suelen mostrarse a medio plazo) y a veces son sinónimo de que la medicación está realizando cambios en el organismo.

Cada fármaco tiene efectos secundarios diferentes y el paciente ha de conocerlos para poder notificarlos al profesional. No obstante, si estos efectos secundarios son inadmisibles y originan mucho malestar en el paciente, lógicamente es recomendable cambiar la medicación.

¿Por qué es importante mantener el tratamiento farmacológico si existe una mejoría o disminución de los síntomas?

Por una parte, si se elimina el tratamiento farmacológico, algunos síntomas vuelven a aparecer en determinadas enfermedades. En otras, la medicación se mantiene de forma preventiva para que no exista la posibilidad de recaída y se establezca un equilibrio. Pero para ello el paciente ha de estar en equilibrio independientemente de la mejora presentada. Por ejemplo, en ocasiones los pacientes pueden presentar una mejoría notable y se puede pautar un tratamiento psicofarmacológico a demanda. Si el paciente no está en un momento de estabilidad, se corre el riesgo de que esté continuamente auto observándose para determinar si tiene o no que tomar la medicación. En esta ocasión sería contraproducente para el paciente ya que le generaría tensión, siendo más adecuado una medicación pautada que el tratamiento a demanda.

No obstante, una vez establecido este equilibrio-y si la patología y evolución del paciente así lo permiten- podría plantearse prescindir de la medicación. Pero esta situación siempre ha de ser valorada desde un punto de vista profesional.

¿Qué ocurre si la adherencia al tratamiento psicofarmacológico no se mantiene o no es constante?

Dependerá de la patología. No obstante, la falta de constancia va a producir no obtener el efecto deseado. El objetivo no se consigue porque no hay continuidad, no porque la medicación no sea adecuada. La analogía sería pretender tener un huerto lleno de cosecha solamente regando de vez en cuando. Los efectos de un psicofármaco no son inmediatos -sino que se empiezan a comprobar a medio plazo- por lo que se recomienda tener confianza, paciencia y constancia con las pautas establecidas para poder observar los efectos terapéuticos de los mismos.