El estrés postraumático

El estrés postraumático se desarrolla entre el 20 y 30% de personas que viven acontecimientos traumáticos de carácter inesperado y extraordinario

Traumas difíciles de superar

Tras una situación amenazante o catastrófica, que causaría malestar en casi todo el mundo, algunas personas desarrollan el llamado estrés postraumático. Se caracteriza por episodios reiterados de volver a revivir el trauma en forma de reviviscencias o sueños, sensación de embotamiento emocional (bloqueo de la expresión de sentimientos), de despego de los demás, inadaptación al medio, dificultad para obtener placer así como la necesidad de evitar situaciones o actividades que evoquen el trauma.
Ejemplos de estas características son las guerras, catástrofes naturales, graves accidentes de tráfico, ser victima de terrorismo, de violaciones, padecer un infarto de miocardio… Sin embargo, la psicóloga del centro Tadi de IMQ, Mónica Alonso apunta a que estudios realizados demuestran que ante estas situaciones tan solo entre el 20 y el 30 % de la población desarrolla este trastorno.
Para definir a este colectivo más proclive a padecerlo existen ciertos rasgos o antecedentes de personalidad de tipo neurótico, aunque no son necesarios ni suficientes para explicar su aparición. “Se ha evidenciado un componente hereditario en la transmisión del trastorno, siendo más vulnerables aquellas personas con antecedentes psiquiátricos en familiares de primer grado”, advierte la psicóloga clínica de IMQ.
Este trastorno tiende a aparecer en los 6 meses posteriores al acontecimiento traumático. Los eventos traumáticos son en la mayoría de las ocasiones inesperados por lo que golpean de manera intensa la sensación de seguridad y autoconfianza del individuo, provocando intensas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno. Hay un estado de hipervigilancia, incremento de la reacción de sobresalto e insomnio.
Anestesia emocional
En estos casos, el individuo tiende a evitar pensamientos, sentimientos, conversaciones, situaciones, lugares o personas que puedan recordarle la situación traumática. El “embotamiento psíquico” o “anestesia emocional”, disminución del interés en actividades que antes eran gratificantes, aislamiento social así como la dificultad para sentir emociones, especialmente las relacionadas con la intimidad (como la ternura y la sexualidad).
El primer temor de los pacientes que acuden a la consulta de un especialista es la idea de no poder superar la sintomatología, borrar las constantes imágenes que acuden a su cabeza, las pesadillas y la continua ansiedad con la que viven y como consecuencia de esto el temor a no poder recuperar el equilibrio perdido.
En estos casos también hay que tener presente al entorno más cercano del paciente, ya que a menudo sus familiares necesitan sentirse comprendidos y apoyados mientras tratan de encontrar un significado a la experiencia reciente vivida. “En ocasiones, se descuida la atención, por ejemplo de la pareja de una víctima que haya quedado inválida, y para la cual también ha cambiado su vida”, recalca la psicóloga clínica de IMQ.
En los últimos años, a raíz de acontecimientos internacionalmente conocidos, se han realizado numerosos estudios sobre este trastorno. En la actualidad, se investiga sobre las modificaciones de la estructura cerebral por medio de neuroimagen. Una de las conclusiones parece ser que el tamaño del hipocampo (una parte del cerebro) tiende a ser menor en personas con predisposición a padecer esta patología.

Recuadro
Psicoterapia grupal y exposición progresiva
Ante los primeros síntomas tras el acontecimiento traumático, cuanto antes se reciba el tratamiento la evolución será más rápida. De hecho, los expertos hablan de la “ventana de la oportunidad” que se presenta poco después del acontecimiento, en el que las emociones son más intensas y la situación está más presente. Razón por la que en situaciones catastróficas se envían especialistas al lugar del desastre para una intervención inmediata.
Los métodos de abordaje utilizados van desde el uso de determinados fármacos que mejoran la evolución y que deben ser prescritos en caso de necesidad hasta la psicoterapia, que es la parte más relevante en el tratamiento del trastorno. Se ha desarrollado diferentes estrategias para el tratamiento psicológico de este problema, utilizando técnicas cognitivo-conductuales entre las que cabe destacar la exposición progresiva, desensibilización sistemática o técnicas de relajación. La psicoterapia grupal ayuda creando un ambiente facilitando la identificación, el apoyo y la esperanza de los compañeros para facilitar el cambio terapéutico.

¿Sabías que?

El estrés también puede ser positivo
Existe un estrés positivo –eutrés- que nos moviliza, nos da vitalidad y vigor permitiéndonos resolver acontecimientos y problemas de la vida cotidiana. Por el contrario, el distrés es la reacción desadaptativa que inunda y paraliza a la persona. Los expertos advierten que experimentar una u otra depende de cómo afronte el individuo y no tanto del acontecimiento estresor.

Cuando el estrés llega en el trabajo
Otras situaciones que pueden desencadenar estrés en el individuo, son las que se pueden originar en el puesto de trabajo. Tiene repercusiones personales (sintomatología psicológica, bajas por enfermedad), laborales (bajo rendimiento, empeoramiento de la calidad del trabajo) y sociales (conflictos laborales, huelgas, disminución de la productividad).

Los cambios y la dificultad de adaptarse
Distintos conflictos o cambios de la vida cotidiana, como por ejemplo un cambio de trabajo o de ciudad, de estado civil, la muerte de un ser querido, etc. A veces no son asumidos adecuadamente desarrollando una sintomatología que se denomina Trastorno Adaptativo y que puede manifestarse de distintas maneras, como síndromes depresivos, ansiosos, emocionales o disociales.

Los niños también pueden padecer estrés
La población infantil se ve sometida en la actualidad a unas exigencias que nunca se han dado a lo largo de la historia. Desde muy temprana edad se exponen a unas presiones en cuanto a rendimientos académicos y consecución de objetivos que provocan situaciones en ocasiones insostenibles y originarias de síntomas de estrés en los niños. Por otro lado, los problemas en la interacción social e interpersonal pueden producir situaciones de estrés infantil.

 

Mónica Alonso Murua